Los riesgos de soñar
lunes 7 de septiembre de 2009
Sin duda somos una sociedad soñadora, pero no soñadora en su significado más positivo, sino soñadora por su significado más relacionado con la ambición desmedida y la insatisfacción continua. Soñar puede ser peligroso, especialmente cuando el sueño es un ejercicio inconsciente, otra cosa, más bien positiva, son los “soñadores” ahora sí en su significado más positivo.
Soñar constantemente con un momento mejor, con una casa más grande y, en definitiva, con esa situación soñada a la que nunca se llega es muy peligroso, puede ocasionar la pérdida de la vida.
Cuando se empieza una carrera universitaria, por poner un ejemplo, se sueña con ese momento de acabarla, como una culminación, como un éxtasis placentero o un momento en el que, entonces sí, seremos felices. Pero la propia dinámica de nuestra vida, la configuración de nuestra sociedad y por ende de nuestra mente hacen que al aproximarnos a ese momento ya se esté soñando con otro algo más lejano, la experiencia hace que finalizar la carrera ya no sea un hito tan grandioso, ya que está cerca, lo vivido ya no es atractivo y por si faltara poco lo están haciendo cientos de personas a la vez...
¿Por qué se produce este fenómeno? Principalmente por la naturaleza de los sueños descontrolados e inconscientes. Estos sueños son como las alucinaciones, para la persona que las sufre estas son más reales que la propia realidad, ya que las ha creado su propia mente teniendo en cuenta la propia percepción, la simbología y la interpretación que da a las cosas, objetos o realidades, generando una especie de realidad a medida diseñada tan a la medida que es hiper-real.
Los sueños inconscientes son algo parecido, en los sueños no interviene el azar, el caos o los intereses opuestos… es como imaginarse el paisaje perfecto, en un paisaje perfecto jamás entra la posibilidad de que venga un pájaro y se te cage encima… aunque sí que existe una probabilidad bastante alta de que ocurra, por supuesto tampoco entran los insectos, la torcedura de tobillo al andar sobre las piedras, o la arena de playa en la entrepierna...
A todo esto hay que unirle la procedencia de nuestra visión del mundo, de nuestra interpretación de los hechos… muy ligado a un mundo ficticio nacido de la influencia de los medios de comunicación, las marcas y sus valores aspiracionales que tanto han calado…
Cuando soñar es un automatismo, es algo que ocurre en segundo plano, es esa ligera voz interna que nos dice que lo bueno está por llegar, es cuando se inicia el peligroso proceso. En ese momento esas sensaciones y pensamientos que aseguran que en el futuro está la felicidad solo se están basando en esos sueños, en ese puesto de trabajo idílico, en esa forma física imposible, o en la forma a la que cada uno le surja… es entonces cuando se empieza a perder la vida, se pierde en forma de días de insatisfacción, de días expectantes, a la espera como el viajante ansioso al pie de la vía esperando su tren …
Pero podemos viajar de otra forma, podemos dejar de estar ansiosos en la estación esperando nuestro tren, podemos dejar de estar tristes una vez en el tren porque va más lento de lo esperado… porque de lo que no somos conscientes es que seguramente lo que esté al final del trayecto sea el final de la vida.
Podemos sentarnos en un banco en la estación y disfrutar desde ese momento de la gente yendo y viniendo, de los sonidos, los olores y las caras desconocidas, cuando llegue el tren será un paso más a dar, nos tendremos que alejar de ese disfrute para embarcarnos en un mundo lleno de paisajes, mecido por el traqueteo del tren, acabaremos deseando que el trayecto no se acabe nunca.. todos hemos vivido estas experiencias alguna vez. Lo malo es que suelen ser cortas y se van sin saber cómo vinieron… pero suelen venir en los momento de mayor relajación, cuando estás tan centrado en el día a día de algo que no tienes demasiado tiempo para pensar y por si fuera poco se suelen acabar cuando empezabas a ser consciente de esa felicidad.
Luego podemos soñar, que es muy sano cuando se es consciente de que los sueños sueños son, y no quiero decir que no se tengan que perseguir, nunca me ha gustado tener los pies en la tierra, lo que quiero decir es que hay que saber reconocer cuando estamos viviendo un sueño, tenemos que abrirnos a esos mosquitos y a esa cagada de pájaro que nos dificulta ver que realmente ya estamos embarcados en un verdadero sueño en ese paisaje real, seguramente ya estés en uno ahora mismo, además es más divertido abrirse a esas sorpresas, admitirlas y abrirles los brazos, enriquecen la experiencia.









